Cuando nada es casual...
Llevo ya tiempo siguiendo las fotos del amigo Alejandro y tengo que reconocer que disfruto mucho con todas sus propuestas.
Sus fotos de estudio siempre me parecen una partida de ajedrez, ya avanzada y sin un claro ganador, entre la cordura y la locura, entre lo puramente estético y lo decididamente intencional. Es siempre una visión personal con cierta (y poco disimulada) intención provocativa, pero de lo que tampoco hay duda es de que en cada imagen busca siempre algo más y, ese algo más, pocas veces yerra en el blanco. Pueden gustar más o menos, pero son fotografías que no cometen el pecado de dejarnos indiferentes. Si el objetivo es crear imágenes que trasmitan emociones y perduren en la memoria, no hay duda que las suyas logran esa dificilísima misión.
Esta foto me parece quizá la más clásica de todas las que le conozco. Si no fuera por la venda de los ojos y el corazón dibujado en el pecho, estaríamos ante una estampita de aquellas prohibidas que hace un siglo se vendían en Francia para disfrute de nuestros abuelos. Pero es la presencia de esos dos elementos lo que cambia todo el apacible panorama, obligándonos a pensar y a imaginar la verdadera historia de la foto. Cada uno sacará sus propias conclusiones y de eso se trata este juego. Yo, personalmente, creo que es un retrato de ausencias, un tema bastante evidente en otras fotos suyas y que podría definirse como que lo representado sólo está completo con la parte que no vemos pero intuimos y reconstruimos mentalmente.
Alejandro, enhorabuena y un abrazo.
|