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titodigital
12/08/10, 18:33:00
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El Rey Don Fernando da Zamora a su hija Dª Urraca, año 1065 (ROMANCERO VIEJO)

Morir vos queredes, padre,
Sant Miguel vos haya el alma;
mandástedes vuestras tierras
a quien se vos antojara.

Diste a Don Sancho Castilla,
Castilla la bien nombrada;
a Don Alfonso a León,
con Asturias y Sanabria,
y a Don García a Galicia
con Portugal la preciada.

A mí, porque soy mujer,
dejáisme desheredada;
irme he yo por esas tierras
como una mujer errada,
y este mi cuerpo daría
a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero
y a los cristianos de gracia:
de lo que ganar pudiere
haré bien por vuestra alma. -

Allí preguntara el Rey:
- ¿Quién es esa que así habla?

Respondiera el Arzobispo:
- Vuestra hija Dª Urraca.

- Callades, hija, callades,
non digades tal palabra,
que mujer que tal decía
merece de ser quemada.

Allá en Castilla la Vieja
un rincón se me olvidaba,
Zamora había por nombre,
Zamora la bien cercada;
de parte la cerca el Duero,
del otra peña tajada,
del otra la Morería;
una cosa es muy preciada.
Quien os la tomare, hija,
la mi maldición le caiga.
Todos dijeron amén,
sino Don Sancho que calla.

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Una de las representaciones del Cerco de Zamora que han tenido lugar este verano en el Castillo de Zamora.

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Breve recuento de los hechos

A su muerte, el Rey de Castilla Fernando I (1065) dejó repartido su reino entre sus hijos: Galicia para Don García, Castilla para Sancho II, León para Alfonso VI, Toro para Doña Elvira y Zamora como Reino de Doña Urraca. Según la tradición, el Reino correspondía al hijo mayor, en este caso Don Sancho, quien naturalmente se negó a aceptar el testamento, y arrebató Galicia a Don García, haciéndole prisionero; Alfonso tuvo que huir a Toledo bajo la protección del rey moro Mamum. Después de tomar Toro, puso cerco a Zamora, "la bien cercada", y su muralla resistió el asedio durante más de 7 meses. Las condiciones de vida se hacían muy difíciles y el hambre empezaba a hacer estragos. Ocurrió entonces que Bellido Dolfos, un gallego (probablemente) que se encontraba en Zamora, salió de la ciudad y se declaró vasallo de Don Sancho, quien le tomó bajo su protección. Un día, con el pretexto de enseñar al Rey Don Sancho una puerta por donde entrar en Zamora y romper su cerco, se alejó con él del campamento sin más compañía.
El Rey sintió una repentina necesidad y apeándose del caballo entregó su daga a Bellido Dolfos, momento que este aprovechó para hundírsela en el pecho y emprender una veloz galopada hacia el portillo que aún hoy día se denomina “de la traición”. El Cid, que presenció la escapada desde lejos, montó precipitadamente a caballo, sin tiempo para calzarse las espuelas, pero no pudo alcanzarle. El Rey Sancho II murió poco después en el campamento, acusando de su muerte a Bellido, y los castellanos, ya sin Rey, levantaron el cerco a Zamora.
El Rey Alfonso VI regresó de Toledo y después de prestar juramento ante el Cid Campeador de "no haber tenido arte ni parte en el asesinato de su hermano" tomó posesión del reino. En extremo rencoroso y vengativo, desterró al Cid Campeador. Antes había mandado atar a Bellido Dolfos a las colas de 4 caballos muriendo de esta manera descuartizado.