Roth
13/06/07, 14:24:11
http://www.canonistas.com/galerias/data/500/thumbs/eiger_nordwand.jpg (http://www.canonistas.com/galerias/showphoto.php?photo=33327)
El Eiger ( ogro en aleman) es una montaña de 3970 m. de altura de los Alpes de Suiza, que forma parte del conjunto Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es el pico más al este de la cadena que viene desde el Mönch (4099 m.) y el Jungfrau (4158 m.). El Eiger se menciona ya en documentos del siglo XIII pero no existen referencias claras del origen de su nombre.
Es una montaña mítica en el alpinismo por la dificultad de su cara norte y los muchos montañeros que en ella han muerto, lo que justifica su apodo de El Ogro. La espectacular cara norte es una pared vertical de más de 1500 m. de altura y 1800 m. desde el valle de Grindelwald (cantón suizo de Berna). Una sección de la parte superior se denomina "La Araña Blanca" por la disposición en estrella de una serie de grietas heladas que parten de un campo de hielo. Es en "La Araña Blanca" donde en 1963 murieron de agotamiento durante la ascensión los aragoneses Alberto Rabadá y Ernesto Navarro.
La primera ascensión al Eiger se realizó por los guías suizos Christian Almer, Peter Bohren y el irlandés Charles Barrington el 11 de agosto de 1858. La cara norte no sería escalada hasta el 24 de julio de 1938 por Heinrich Harrer, Anderl Heckmair, Ludwig Vörg y Fritz Kasparek en una expedición alemano-austriaca. Fue considerada como "la ultima dificultad de los Alpes"
Al cumplirse los 40 años de la muerte de Rabadá y Navarro, me permiti hacer un relato en su memoria. Que Dios les tenga en el cielo de los alpinistas.-
Aquel día en el Eiger
Siempre que hablamos del Eiger nos referimos, claro esta a su cara norte o “Eigernordwand” las demás vías carecen de la dificultad o emoción suficientes y por lo tanto su atractivo es ya mucho menor.
En aquellos primeros días de agosto nos preparábamos mi compañero Alberto y yo para intentar la vía clásica en verano asumiendo la dificultad añadida de los numerosos aludes y desplomes que suelen producirse en esta época del año, al no estar la roca descompuesta que forma la casi totalidad de la pared, fijada a la misma por el hielo y las bajas temperaturas.
Dispusimos nuestro cuartel general en Grindelwal el precioso pueblo asentado a los pies del “ogro” y que se ve casi diminuto comparado con la inmensa mole. Los partes meteorológicos nos auguraban varios días de tiempo apropiado y sin mas dilación iniciamos la aproximación a la base por los prados de Alpiglen, allí pudimos observar alguna que otra tienda montada, lo que nos hizo suponer que más cordadas tenían un fin similar, no nos importo el hecho, ya que no se trataba de ninguna pugna o carrera,
Cada cual íbamos a lo nuestro con las ideas claras y el animo dispuesto.
Iniciamos la marcha al amanecer, con la intención de instalar nuestro primer vivac lo mas alto posible en torno al nido de golondrinas o aún mas allá
Enseguida pudimos comprobar que otras 2 cordadas acometían también la empresa, si bien una de ellas se decantaba por la vía directa por lo que nuestros caminos se fueron separando. La tercera cordada seguía también el camino de la vía clásica pero como su ascensión era bastante más lenta, al momento nos pusimos en cabeza.
El día transcurrió sin novedad, tanto la fisura difícil como la travesía Hinterstoisser , realmente las primeras dificultades de la pared, fueron superadas sin mayor problema. Nos sorprendió, eso sí, que a media tarde y en contra de todas las previsiones meteorológicas empezara a formarse una tormenta, por lo que decidimos instalar nuestro primer vivac en torno al segundo helero. En principio la previsión era la de hacer la vía con tres vivacs, lo que parecía razonable. La cordada que seguía nuestros pasos se instalo en el nido de golondrinas y nosotros nos dispusimos a pasar la noche en la base del segundo helero.
La noche fue mucho mas fría de lo que cabía esperar en esas fechas y cuando reiniciamos la ruta al amanecer pudimos observar que las condiciones del segundo helero eran extremadamente difíciles ya que
el frío de la noche había superpuesto varias capas de hielo haciendo que nuestra marcha fuera muy lenta.
Alberto sufrió un resbalón que le hizo caer unos 15 metros y aunque por fortuna el percance no fue grave,
si que le produjo una fuerte conmoción, con un gesto me indico que se encontraba bien y pudimos proseguir el lento avance, Al superar el segundo helero una fuerte tormenta de nieve empezó a descargar y vimos como las otras cordadas decidían retirarse de la pared, por nuestra parte nos instalamos en el vivac de la muerte, un “agradable” sitio a pesar de su nombre, acordamos pasar allí la noche y al día siguiente, en función de las condiciones meteorológicas decidiríamos sobre una posible retirada.
La noche fue dura y fría, pero no afecto a nuestro animo, al amanecer una mirada cómplice fue suficiente para saber que los 2 estábamos de acuerdo: Lo conseguiremos Alberto?... Lo conseguiremos!
El avance era ya muy lento, las condiciones habían empeorado mucho pero una vez superada la plancha las posibilidades de retorno eran ya mas largas y menos seguras, había que continuar!
La chimenea de la cascada nos había empapado completamente, no sé siquiera como pudimos atravesar el tercer helero para poder vivaquear justo encima de el. Fue entonces cuando nos percatamos de que en el resbalón de Alberto habíamos perdido una de las mochilas con parte de las provisiones y algunas prendas de repuesto, fue una noche terrible ya casi sin comida y con un intenso frío pues una nueva tormenta de nieve empezó a descargar.
Para intentar desentumecer nuestros ateridos músculos, atacamos la travesía de los dioses, adelante, siempre adelante, el agotamiento era ya como una losa que nos impedía mover los pies, tuvimos que improvisar un cuarto vivac. El frío nos impedía dormir, Alberto que físicamente era el mas fuerte, estaba muy mermado en sus condiciones y aunque en ningún momento se quejó, era indudable que la conmoción sufrida en el segundo helero le había afectado mas de lo que estaba dispuesto a reconocer.
Después de esa noche eterna, amaneció claro y despejado y proseguimos renqueantes siempre hacia arriba, siempre subiendo.
Llegamos con el limite de nuestras fuerzas a la araña, unos jirones de niebla me impedían ver a Alberto al otro lado de la cuerda, intente gritarle pero ya no me respondió.
No puedo mas! .... Dios que frío ...... no puedo más.
Aquel día en el Eiger escribisteis la pagina más noble dando una lección de valor y coraje
Aquel día en el Eiger, no estabais solos, mi corazón, miles de corazones dejaron de latir al mismo tiempo que lo hacían los vuestros.
Aquel maldito día en el Eiger!
(Alberto Rabadá – Ernesto Navarro, Eigernordwand 1.963 , In memoriam)
Carlos A. Dorado – Zaragoza 9-10-03
El Eiger ( ogro en aleman) es una montaña de 3970 m. de altura de los Alpes de Suiza, que forma parte del conjunto Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es el pico más al este de la cadena que viene desde el Mönch (4099 m.) y el Jungfrau (4158 m.). El Eiger se menciona ya en documentos del siglo XIII pero no existen referencias claras del origen de su nombre.
Es una montaña mítica en el alpinismo por la dificultad de su cara norte y los muchos montañeros que en ella han muerto, lo que justifica su apodo de El Ogro. La espectacular cara norte es una pared vertical de más de 1500 m. de altura y 1800 m. desde el valle de Grindelwald (cantón suizo de Berna). Una sección de la parte superior se denomina "La Araña Blanca" por la disposición en estrella de una serie de grietas heladas que parten de un campo de hielo. Es en "La Araña Blanca" donde en 1963 murieron de agotamiento durante la ascensión los aragoneses Alberto Rabadá y Ernesto Navarro.
La primera ascensión al Eiger se realizó por los guías suizos Christian Almer, Peter Bohren y el irlandés Charles Barrington el 11 de agosto de 1858. La cara norte no sería escalada hasta el 24 de julio de 1938 por Heinrich Harrer, Anderl Heckmair, Ludwig Vörg y Fritz Kasparek en una expedición alemano-austriaca. Fue considerada como "la ultima dificultad de los Alpes"
Al cumplirse los 40 años de la muerte de Rabadá y Navarro, me permiti hacer un relato en su memoria. Que Dios les tenga en el cielo de los alpinistas.-
Aquel día en el Eiger
Siempre que hablamos del Eiger nos referimos, claro esta a su cara norte o “Eigernordwand” las demás vías carecen de la dificultad o emoción suficientes y por lo tanto su atractivo es ya mucho menor.
En aquellos primeros días de agosto nos preparábamos mi compañero Alberto y yo para intentar la vía clásica en verano asumiendo la dificultad añadida de los numerosos aludes y desplomes que suelen producirse en esta época del año, al no estar la roca descompuesta que forma la casi totalidad de la pared, fijada a la misma por el hielo y las bajas temperaturas.
Dispusimos nuestro cuartel general en Grindelwal el precioso pueblo asentado a los pies del “ogro” y que se ve casi diminuto comparado con la inmensa mole. Los partes meteorológicos nos auguraban varios días de tiempo apropiado y sin mas dilación iniciamos la aproximación a la base por los prados de Alpiglen, allí pudimos observar alguna que otra tienda montada, lo que nos hizo suponer que más cordadas tenían un fin similar, no nos importo el hecho, ya que no se trataba de ninguna pugna o carrera,
Cada cual íbamos a lo nuestro con las ideas claras y el animo dispuesto.
Iniciamos la marcha al amanecer, con la intención de instalar nuestro primer vivac lo mas alto posible en torno al nido de golondrinas o aún mas allá
Enseguida pudimos comprobar que otras 2 cordadas acometían también la empresa, si bien una de ellas se decantaba por la vía directa por lo que nuestros caminos se fueron separando. La tercera cordada seguía también el camino de la vía clásica pero como su ascensión era bastante más lenta, al momento nos pusimos en cabeza.
El día transcurrió sin novedad, tanto la fisura difícil como la travesía Hinterstoisser , realmente las primeras dificultades de la pared, fueron superadas sin mayor problema. Nos sorprendió, eso sí, que a media tarde y en contra de todas las previsiones meteorológicas empezara a formarse una tormenta, por lo que decidimos instalar nuestro primer vivac en torno al segundo helero. En principio la previsión era la de hacer la vía con tres vivacs, lo que parecía razonable. La cordada que seguía nuestros pasos se instalo en el nido de golondrinas y nosotros nos dispusimos a pasar la noche en la base del segundo helero.
La noche fue mucho mas fría de lo que cabía esperar en esas fechas y cuando reiniciamos la ruta al amanecer pudimos observar que las condiciones del segundo helero eran extremadamente difíciles ya que
el frío de la noche había superpuesto varias capas de hielo haciendo que nuestra marcha fuera muy lenta.
Alberto sufrió un resbalón que le hizo caer unos 15 metros y aunque por fortuna el percance no fue grave,
si que le produjo una fuerte conmoción, con un gesto me indico que se encontraba bien y pudimos proseguir el lento avance, Al superar el segundo helero una fuerte tormenta de nieve empezó a descargar y vimos como las otras cordadas decidían retirarse de la pared, por nuestra parte nos instalamos en el vivac de la muerte, un “agradable” sitio a pesar de su nombre, acordamos pasar allí la noche y al día siguiente, en función de las condiciones meteorológicas decidiríamos sobre una posible retirada.
La noche fue dura y fría, pero no afecto a nuestro animo, al amanecer una mirada cómplice fue suficiente para saber que los 2 estábamos de acuerdo: Lo conseguiremos Alberto?... Lo conseguiremos!
El avance era ya muy lento, las condiciones habían empeorado mucho pero una vez superada la plancha las posibilidades de retorno eran ya mas largas y menos seguras, había que continuar!
La chimenea de la cascada nos había empapado completamente, no sé siquiera como pudimos atravesar el tercer helero para poder vivaquear justo encima de el. Fue entonces cuando nos percatamos de que en el resbalón de Alberto habíamos perdido una de las mochilas con parte de las provisiones y algunas prendas de repuesto, fue una noche terrible ya casi sin comida y con un intenso frío pues una nueva tormenta de nieve empezó a descargar.
Para intentar desentumecer nuestros ateridos músculos, atacamos la travesía de los dioses, adelante, siempre adelante, el agotamiento era ya como una losa que nos impedía mover los pies, tuvimos que improvisar un cuarto vivac. El frío nos impedía dormir, Alberto que físicamente era el mas fuerte, estaba muy mermado en sus condiciones y aunque en ningún momento se quejó, era indudable que la conmoción sufrida en el segundo helero le había afectado mas de lo que estaba dispuesto a reconocer.
Después de esa noche eterna, amaneció claro y despejado y proseguimos renqueantes siempre hacia arriba, siempre subiendo.
Llegamos con el limite de nuestras fuerzas a la araña, unos jirones de niebla me impedían ver a Alberto al otro lado de la cuerda, intente gritarle pero ya no me respondió.
No puedo mas! .... Dios que frío ...... no puedo más.
Aquel día en el Eiger escribisteis la pagina más noble dando una lección de valor y coraje
Aquel día en el Eiger, no estabais solos, mi corazón, miles de corazones dejaron de latir al mismo tiempo que lo hacían los vuestros.
Aquel maldito día en el Eiger!
(Alberto Rabadá – Ernesto Navarro, Eigernordwand 1.963 , In memoriam)
Carlos A. Dorado – Zaragoza 9-10-03