Miguel Monroy
25/01/17, 13:46:07
Los que empezamos hace muchos años en este mundillo de la fotografía, hemos podido ser espectadores de los cambios vertiginosos que se han producido en la tecnología, en los usos y en los gustos.
Es natural, evolucionamos!.
Pero sin entrar en nostalgias sensibleras, si que podemos añorar experiencias vividas en el pasado en relación con nuestra experiencia fotográfica; si que podemos haber sufrido pérdidas emocionales y económicas para mantener nuestra afición viva.
Y, ¿Porqué no hablar de ello?.
A parte de asombrarnos por la evolución de nuestras máquinas y dispositivos, también dejamos cosas atrás. Cosas que amábamos tanto como la fotografía en sí. De eso me guastaría hablar.
En mi caso, recuerdo, siempre emocionado, mi primera sensación al ver emerger las primeras sombras de la fotografía bajo la luz roja que bañaba el revelador, era mágico!. La espectativa de esa imagen, hecha días atrás, y recordada como algo espectacular, algo en lo que habías puesto tantas espectativas que el defraudante resultado de la copia sólo podía empujarte a intentarlo de nuevo, a ahondar en el conocimiento de la técnica: de la medición de la luz, de la técnica de revelado del negativo, de los procedimientos de copiado...
Esta condición, te obligaba a pensar en fotografía a todas horas; en qué y en como hacer la próxima ocasión, aún sin tener una cámara en la mano. De alguna forma te convertías en fotógrafo "omniconsciente".
Todo ese proceso se ha reducido hoy a unas fracciones de segundo. No digo que sea peor. Ni mejor. Pero sí estoy convencido de que es el origen de muchas nuevas estéticas que todos vemos a diario, más expontáneas y, desde luego, mucho menos solemnes y pretenciosas.
Qué opinais?
Es natural, evolucionamos!.
Pero sin entrar en nostalgias sensibleras, si que podemos añorar experiencias vividas en el pasado en relación con nuestra experiencia fotográfica; si que podemos haber sufrido pérdidas emocionales y económicas para mantener nuestra afición viva.
Y, ¿Porqué no hablar de ello?.
A parte de asombrarnos por la evolución de nuestras máquinas y dispositivos, también dejamos cosas atrás. Cosas que amábamos tanto como la fotografía en sí. De eso me guastaría hablar.
En mi caso, recuerdo, siempre emocionado, mi primera sensación al ver emerger las primeras sombras de la fotografía bajo la luz roja que bañaba el revelador, era mágico!. La espectativa de esa imagen, hecha días atrás, y recordada como algo espectacular, algo en lo que habías puesto tantas espectativas que el defraudante resultado de la copia sólo podía empujarte a intentarlo de nuevo, a ahondar en el conocimiento de la técnica: de la medición de la luz, de la técnica de revelado del negativo, de los procedimientos de copiado...
Esta condición, te obligaba a pensar en fotografía a todas horas; en qué y en como hacer la próxima ocasión, aún sin tener una cámara en la mano. De alguna forma te convertías en fotógrafo "omniconsciente".
Todo ese proceso se ha reducido hoy a unas fracciones de segundo. No digo que sea peor. Ni mejor. Pero sí estoy convencido de que es el origen de muchas nuevas estéticas que todos vemos a diario, más expontáneas y, desde luego, mucho menos solemnes y pretenciosas.
Qué opinais?