Otras profundas reflexiones sobre las ráfagas
Quiero añadir alguna otra cosa más en relación con las ráfagas. Yo procedo del Pleistoceno analógico en el que combatí con una Nikon FM a pedales hasta que otras metas apartaron mi atención de la fotografía durante muchos años.
Después descubrí la fotografía digital con una Nikon Coolpix 5000 que tardaba 30 segundos (sin utilizar RAW) entre foto y foto. Por último, volví a romper la hucha y me compré hace poco una 350D.
La primera vez que la tuve entre mis manos, me pareció un regalo de los dioses, construido a medida de mis sueños. Lo que más me llamó la atención de todas sus, casi mágicas propiedades, fue las ráfagas, tal vez porque fuera lo más alejado de lo que podían hacer mis dos anteriores cámaras.
Quizá por eso aún no he aprendido a sacarle todo el jugo que tienen y tal vez por eso intento recordarme continuamente a mí mismo que existe el modo ráfaga. Hace algunas semanas estuve en una exhibición de delfines y no se me ocurrió poner el modo ráfagas hasta el final de la demostración, aún a pesar de la amarga experiencia que tuve con mi amigo Benson. Y es que cuando uno se ha criado en el Pleistoceno, no es fácil actualizarse a los tiempos modernos.
Respecto a las bodas, creo que a 400 ISO la 350D mantiene la ráfaga sincronizada con el flash interconstruido (término acuñado en el Pleistoceno equivalente a “incorporado”), aunque va un poco más lenta. Pero la ráfaga puede usarse, por ejemplo, en el momento en que la novia sale del coche, en la complicada e inefable escena del arroz, y también en cualquier momento que uno decida emplearla.
Por ejemplo, puedes pedirle a los novios que hagan alguna pirueta romántica en la que la novia parezca levitar por efecto del amor desmedido que siente por su amado, o bien, darle la oportunidad al novio de que alardee de una fuerza sobrehumana aprovechando la inercia de la novia para elevarla y sostenerla en el aíre durante un insufrible segundo.
Creo que en estos y otros casos similares es preferible tirar ráfagas que pedirles a los novios que repitan los complicados (y hasta peligrosos) volatines 50 o más veces, hasta conseguir una buena instantánea.
En fin, que las ráfagas, son, como todos los recursos de la cámara, posibilidades que cada uno puede utilizar como le plazca e incluso no utilizarlas en absoluto si piensa que van contra su forma de entender la fotografía o sencillamente que no sirven para nada.
Pero esto es sólo una opinión más, una propuesta para la reflexión, pero en modo alguno una exhortación a su utilización.
Contestando a Sergio, te diré que la “K” la puse porque “Enrique” ya estaba cogido y no encontré otra alternativa mejor.
Saludos