Por lo tanto, parece que lo ideal es que si procesamos raw con vistas a imprimir (en casa o por un laboratorio), es adoptar en todo el proceso el espacio de color que soporte la impresora o laboratorio.
En caso contrario, la propia exportación con otro espacio de color (pasando de AdobeRGB a sRGB, por ejemplo) para imprimir nos cambiará la gama tonal del resultado final respecto al trabajo que hemos hecho en la pantalla.