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Tema: MASTERGAP v1.0

  1. #157
    Fecha de Ingreso
    abr 2006
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    Ribes (Barcelona)
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    Cita Iniciado por Ideàfix Ver Mensaje
    O.K. lo modifico, pero aclarame lo del follón del listado.
    Nada, que no había visto que había que presentarse. Dejas esta galera un par de días y la que se monta!

  2. #158
    Fecha de Ingreso
    jun 2010
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    VALDEMORO
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    Predeterminado

    ¡Eh esperar! ¡Que falto yo!

    Soy SuperKco, muchos me conocen como Kco (léase Caco), y mi nombre de pila es Francisco Javier, valenciano de nacimiento, por lo que muchos me llaman Javi, Fran, Francisquillo, valenciano o el tío de la coleta, etc. Vivo en Valdemoro (Madrid) y trabajo en una empresa de productos lácteos y algún que otro pinito como fotógrafo.

    Soy informático de profesión y un apasionado de la fotografía, la naturaleza, la música, el mundo submarino, y un sinfín de actividades que hacen que tenga más hobbys que tiempo y espacio en el trastero J

    Agradecer a “los manolos aunque no les guste” todo el esfuerzo y en general a toda la tripulación, porque se os ve con ganas y todos juntos, esta vez si, vamos a conseguir zarpar a tierras lejanas.

    También quiero pedir disculpas por mi tardanza, pero se ha metido entre medias de todo este jaleo mis vacaciones y una serie de problemas que me han tenido alejado de los ordenadores desde el mes pasado.

    Disciplina fotográfica…. Pues creo que lo que se me da bien es la fotografía preparada, ya sea bodegones, retratos (y autorretratos) o naturaleza. Realmente creo que en ocasiones (muy pocas ocasiones), aparece ese duende que me muestra lo que quiero y yo lo que busco es la forma de conseguirlo.

    Y para la presentación, pues nada mejor que un autorretrato (la perilla me la dejé a propósito) que hice de coña hace unos meses para una fiestecilla:

    Follemos by Francisco Javier Piqueras, en Flickr
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  3. #159
    Fecha de Ingreso
    jun 2010
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    VALDEMORO
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    Predeterminado

    Me añado:

    abacus Fernando GAP v5.1 Luminoso Bruno GAP v6.0
    Africana Pilar GAP v5.1 M4gn3to José Javier GAP v5.1
    antonio296 Antonio GAP v2.0 Marialuisalj María Luisa GAP v2.0
    Austrinus Olsan GAP v6.0 Mariloli María Dolores GAP v3.0
    Avalb Ana GAP v6.0 McGivert Juan Ma GAP v6.0
    casandra74 Gemma GAP v6.0 MIARMA Miguel Ángel GAP v6.0
    El-Miguel Miguel Ángel GAP v1.0 mvalbet María GAP v5.1
    Hamilin Emiliano GAP v1.0 nanuni Jesús GAP v5.1
    Hikari Alberto GAP v6.0 PepSau Pep GAP v6.0
    Homer512 Rafael GAP v3.0 saba Saba GAP v6.0
    jfazer Jaime GAP v6.0 Sarape Sara GAP v5.1
    Jorgeid Jorge GAP v5.1 Sitomatosis Alfonso GAP v5.1
    JuiB Juli GAP v5.1 Skimmer David GAP v6.0
    Julende Eduardo GAP v5.1 Tecla Tere GAP v6.0
    loreto1 Loreto GAP v3.0 Tikitanka José GAP v6.0
    SuperKco Javi GAP v4.0
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  4. #160
    Fecha de Ingreso
    mar 2011
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    El Masnou
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    Predeterminado

    Bienvenido Kco. Un placer verte por aquí.

    Como tengo el finde y la semana que viene bastante liados, ya he subido el ejercicio.

  5. #161
    Fecha de Ingreso
    jul 2009
    Ubicación
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    Predeterminado

    Bueno, compañeras y compañeros. Ha llegado el día. El domingo ingreso para que me operen el lunes. En principio serán como mínimo 8 ó 10 días en el hospital, y luego... bueno, parece ser que un par de meses no me los quita nadie. Yo confío en que, ya en casa, pueda hacer fotos, y volvar a bordo. Por lo pronto, si no envío mi comentario a los trabajos de los compañeros, disculpadme, seguramente obedecerá a que mi estado físico me lo impide.
    Pero quería dejaros la primera entrega del cuaderno de bitácora que, esta vez sí, espero terminar. He intentado arreglar el blog antiguo, pero no he sido capaz. También he intentado crear uno nuevo, pero tampoco. Y antes de perder la fe en mis capacidades intelectuales, he preferido dejarlo. Si alguien es capaz de hacerlo,para ir colocando allí las entregas, se agradece por este humilde inmigrante virtual. Espero que os guste.



    MasterGap 1.0



    Diario de bitácora


    A MODO DE PREFACIO


    Cuando participé en el GAP 5, comencé a escribir unas crónicas, que se llamaron en su momento “Las crónicas carmelitanas”, debido a que respondían a los extraños resortes de mi mente enfermiza que me hacía creer que mantenía conversaciones, más o menos intelectuales, con mi cámara, a la sazón una Canon de la serie 1, una 1 Ds Mk III, que se autodenominaba Carmela. Ya Carmela no está conmigo. Por diversos motivos, que no vienen hoy a cuento, tuve que desprenderme de ella. Este hecho, y la larga temporada que he pasado en manos de psiquiatras y psicólogos, los cuales me han convencido de que no se puede conversar con nada que no sea humano, han provocado los problemas de incomunicación que poseo actualmente con mis cámaras, así que no esperen en esta ocasión los jugosos y divertidos diálogos de “Las Crónicas Carmelitanas”, ya que la ciencia ha conseguido que entienda que es imposible hablar con una cámara fotográfica. Lástima. Ya me había acostumbrado a sus sarcásticos comentarios, e, incluso, había aprendido muchas cosas. Lo que no han podido conseguir tan sesudos e ilustrados señores es que mi psique continúe haciendo la guerra por su cuenta, y al margen de todo aquello que pueda considerarse razonable, o lógico. Así que, quién sabe qué nos podemos encontrar en las líneas posteriores a éstas.


    Por otro lado, desgraciadamente, y por motivos laborales y familiares, tuve que dejar de escribir mis aventuras con Carmela, al no disponer de tiempo, y ahora se me presenta la oportunidad de enmendar esta lamentable laguna. Para ello, y como ahora la tripulación ha cambiado, ampliándose a todos los licenciados de los GAP, convirtiendo esta galera indudablemente en la reina de los mares, y además ha pasado un tiempo, por lo que es posible que nuevos lectores puedan acceder a estos escritos, recuperaré episodios y momentos de las Crónicas que quedaron incompletos, o que fueron celebrados en su momento.


    Y poco más. Espero que les guste esta historia que ya ha comenzado, y nos iremos viendo en los distintos puertos donde arribemos.

    JORNADA PRIMERA DE LA REGATA.
    (18-31 de octubre de 2015)


    Cuando finalicé mi singladura en aquella hermosa galera que era el GAP.5, y descubrí que mi vida marinera había terminado, averigüé también, no sin cierta desazón, que, a partir de entonces, una parte importante de mi existencia carecía de rumbo. No tenía a dónde dirigirme, y, lo peor, tampoco interés alguno en encaminar mis pasos hacia ninguna parte. Así que me dediqué a haraganear por ahí, vendiendo mis servicios a aquellos que me pudiesen ofrecer algún trabajo, no demasiado cansado, que me proporcionase algún dinero para ir sobreviviendo.


    Uno de los muchos días que dejaba escapar el tiempo a la sombra de un vaso en una muy concurrida taberna del puerto (nunca pude dejar de merodear por los puertos, siempre con la vana esperanza de poder volver a embarcar en otro GAP) en la que la concurrida clientela parecía rivalizar sobre quién vociferaba más y con más potencia, un parroquiano que permanecía abstraído en sus pensamientos, frente a un vaso de vino similar al que yo tenía delante (similar, que no creo que en aquel antro tuviesen dos vasos iguales), llamó mi atención. Permanecía cabizbajo, con la mirada perdida, los brazos sobre las piernas, y una pipa apagada entre los labios. Lo de la pipa apagada, lo entendí. La ley antitabaco prohíbe fumar en locales públicos y cerrados. Pero la expresión de su rostro me conmovió. Estaba cargada de una tristeza profunda, casi al borde de la lágrima, y tragaba el contenido de su vaso de un tirón, pidiendo por señas al camarero que rellenase, permaneciendo así un rato largo, hasta que volvía a echarse al coleto el contenido, y a repetir la operación. Trago, camarero, trago, camarero, trago, camarero… Se estaba emborrachando a conciencia, con ahínco, con rabia. Yo conocía bien esa sensación: me había visto demasiadas veces en la necesidad de perderme como ese hombre estaba haciendo en ese momento. Así permanecimos durante una hora larga, en un juego en el que yo miraba, el desconocido tragaba vaso tras vaso, y el camarero servía igualmente vaso tras vaso. El desconocido bebió el último trago que le pusieron, demorando unos momentos mirando el cristal, como si pretendiese descubrir en su fondo el secreto del universo. A continuación llamó al camarero, sólo por gestos, como venía haciendo hasta ahora, pagó con un billete, dando a entender que podía quedarse con la vuelta como propina, propina que debía ser cuantiosa, a tenor de los dos enérgicos cabezazos con que nuestro personaje fue obsequiado por el dependiente. Después se levantó pesadamente, supongo que debido a las muchas copas que había libado en todo este tiempo, y se volvió hacia la puerta, por lo que quedamos cara a cara, ya que yo me sitúo siempre al lado de la puerta, por si hay que salir por patas, y pude observarle por primera vez. Extrañamente, su rostro era muy parecido al mío, sólo que el sujeto estaba mucho más gordo que yo, y su barba era bíblica, por larga, al contrario que la mía, siempre escrupulosamente recortada al 2.


    Privado ya del objeto que había ocupado mi interés en esa tediosa mañana, volví a mi quehacer, es decir, no hacer, o hacer nada, pero algo atrajo mi atención: el sujeto había dejado olvidada una abultada carpeta, llena de papeles.


    No lo pensé. De un salto, llegué hasta la mesa que había estado ocupando el desconocido, la cogí, y salí corriendo a la calle, pudiendo ver como daba la vuelta la esquina, al final de la misma.


    -¡Eh, oiga!, grité, al tiempo que corría hacia el lugar por donde había desaparecido. Afortunadamente, conservo una razonable buena forma a mis sesenta años, por lo que pude alcanzarlo rápidamente.


    - ¡Caballero! ¡Que se ha dejado esta carpeta olvidada!


    Él se volvió, y, al verme, sonrió y dijo:


    - No, no me la he dejado olvidada.


    -¿Cómo que no?, respondí resollando. (Mantengo una “razonable” buena forma, pero tampoco soy un atleta)


    - ¿Esta carpeta no es suya?, respondí asombrado.


    -Ya no, contestó.


    - ¿Qué quiere decir que “ya no”?, le dije, pensando: “vaya, un chiflado”


    -Muy fácil. Era mía, pero ya no lo es.


    -Entonces, ¿de quién es, mía?, le espeté, ya un poco cabreado.


    -Tú lo has dicho.


    -Oye, (no tenía más remedio que pasar al tuteo) ¿no te estarás cachondeando conmigo, no?


    -No, Eduardo, no. Esa historia era mía, porque yo la he estado escribiendo. Ahora es tuya, porque la tendrás que terminar tú. Yo ya no tengo lugar en esta historia, me contestó, perdiéndose en la penumbra.


    -Pero, ¿cómo? ¿qué? ¡Díme, al menos, tu nombre!, le grité, perdiéndolo en las sombras.


    -Eduardo. Mi nombre es Eduardo, me respondió la oscuridad.


    Entonces caí en la cuenta de que, al salir corriendo, me había ido de la tasca sin pagar las consumiciones, por lo que decidí quitarme de en medio lo más rápidamente posible, apuntando en mi memoria no volver por ese establecimiento, al menos, en unos meses.


    Cuando llegué a casa, me encerré en mi estudio, y pude estudiar con detenimiento la carpeta que me había entregado el otro Eduardo. Se trataba de una carpeta de cartón azul, de esas que cierran con gomillas, que se utilizaban en el siglo pasado, con un papel pegado donde ponía: “Las Crónicas Carmelitanas” La abrí, y dentro encontré varios hatillos de papeles, cada uno cogido con un folio en blanco doblado en horizontal, formando pequeños cuadernillos. En cada uno de ellos, el título, o una explicación de lo que contenían.


    En el primero de ellos, se leía:


    LA HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA, SEGÚN CARMELA.


    Lo cierto es que ya había logrado despertar mi curiosidad, así que comencé a leer:

    Capítulo I. La prehistoria


    Al principio sólo estaba Dios, que habitaba en la nada. Claro que esto es difícil de entender, porque si la nada es nada, ¿cómo se puede estar en la nada? Ahí donde lo ven ustedes, esta pregunta tan simple ha provocado a lo largo de la historia que los teólogos estén todos un poco trastornados. A este respecto, valga como ejemplo San Prorrompisto del Quinto Pino, reconocido teólogo y padre de la Iglesia, así como de cuatro churumbeles que le tenían el presupuesto tan ajustado que se vió obligado a dar clases particulares en la academia del famoso Tazón, primo hermano del famoso Platón, autor de los conocidos “Diálogos”. Tazón, por su parte, escribió la magnífica obra “Monólogos”, pero como entonces no existía el Club de la Comedia, pasó sin pena ni gloria. Pues bien, este Tazón, de tanto pretender explicar cómo Dios habitaba la nada, llegó a creer que sus alumnos eran vasijas de ambrosía, e intentaba destaparlas retorciéndoles el pescuezo, con lo que se cargó a unos cuantos. Las protestas de los padres obligaron al emperador Pimpinelo el Bizco a condenarlo a morir decapitado. Es por ello, que es poco conocido, pese a lo valioso, su “Tractatus Stupidus” para la comprensión de la estructura del caparazón del cangrejo moro.


    Bien, realizado este pequeño introito, continuamos con que llegó el día en que Dios que ya estaba harto de estar ahí, en la nada, sin internet, ni whatsapp, ni twiter, ni facebook de facebook, digo, nada de nada, y dijo: “Hágase la luz” Y la luz se hizo, y así fue cómo se inventó el recibo de la electricidad. Pero, claro, iluminar la nada es una jilipollez, con perdón, porque, ¿me explican ustedes qué puñetas es lo que se ilumina en la nada? Así que Dios, que no tiene un pelo de tonto, dijo: “Hágase la tierra y el cielo y los mares, y que los mares bañen a la tierra.” Y se quedó tranquilamente contemplando, perfectamente iluminados, a tierra, cielo y mares. Así estuvo 200 ó 300.000 años, que en la eternidad es muy poca cosa, pero para nosotros es un jartón.


    Transcurrido este tiempo, empezó a aburrirse de ver siempre lo mismo. Si a esto le añadimos que tanta luz empezaba a molestarle las pupilas, porque todavía no se habían inventado las Rayban, entenderemos que dijese: “Hágase la noche y el día”, y se complació en ver preciosos amaneceres y atardeceres, hasta que se volvió a aburrir, porque la tierra, así como el mar eran iguales, siempre iguales, y eso, tienen que reconocérmelo, es un auténtico latazo. Así que Dios dijo: “Háganse las plantas, y los animales, y créense los bosques, las selvas, las montañas, los valles, los ríos y lagos y…” Y se tiró un rato creando cosas, que, no crean, es algo que resulta la mar de entretenido, tanto como pasar la tarde en un centro comercial probándose cosas y no comprando nada. Y cuando terminó, se recostó a la sombra de una higuera, pensando que qué bien le había salido ese árbol para hacer sombrita y se durmió. Y tuvo un sueño, porque, aquí donde lo ven, Dios también sueña, poco, ya que al ser Dios no necesita dormir mucho (de hecho, un par de veces en los últimos 600 millones de años), pero sueña. Y hete aquí que soñó con que estaba rodeado de todos los seres de su creación y quería llamarlos, pero no podía, porque no sabía cómo hacerlo, puesto que carecían de nombres. Pensó entonces que tendría que ponerles nombres a todos los seres que cubrían la tierra y habitaban los mares y los cielos, pero estaba muy cansado y no tenía ganas, así que hizo un esfuerzo más y creó al hombre de un trozo de barro que había por allí. Como estaba muy cansado y lo hizo deprisa y corriendo, no le salió muy bien, y así nos va. Pero a lo que vamos, díjole al hombre: “Para que no te aburras, vas a ponerle nombre a todos los seres de la creación” Y satisfecho por haberle soltado el marrón, se durmió feliz de nuevo.


    Y el hombre, cuando se vió solo, entre tantos animales, plantas, piedras y todo lo que puebla la tierra, se afanó a la tarea que Dios le había encomendado. Pero el hombre que Dios había creado era un bruto integral, que sólo sabía decir “Hu, hu, hu…”, y, a veces, “ah, ah, ah…” Y cuando estaba ya alterado, pero que muy alterado, decía “conga, conga” Aún hoy día quedan especímenes, especialmente en las bodas, bautizos y celebraciones afines que continúan diciendo “conga, conga” cuando ya están bastante deteriorados y se ponen a pegar saltos, enganchados en fila, mientras gritan. Igualito que nuestros antepasados, vamos. Pero continuemos.


    Así que Dios se despertó de su siesta, y se encontró con el hombre a su lado, olisqueándole el dedo gordo, lo que le provocó un susto tan gordo, que le dio una patada al hombre, que se retiró gritando “ay, ay, ay” “conga-conga-ayayayayayay” Con esto el hombre descubrió otra palabra, y Dios creó a los defensas centrales. Preguntó entonces Dios al hombre si había puesto nombre a los animales, a lo que el hombre respondió: “uh”.


    Bien, dijo Dios, satisfecho. “¿Cómo se llama este animal?” “Hu-hu”, respondió el hombre. “Perfecto. Así que es un huhu. Muy bien. ¿Y este otro?” “Hu-hu”, volvió a contestar el hombre, con una bobalicona sonrisa. “¿Hu-hu? Pero, ¿huhu no era el anterior?” “¿Y éste?” “Huhu” “¿Y éste otro?” “Huhu”. Y así con todos los animales. Fue cuando Dios se dio cuenta de que el hombre es absolutamente imbécil. Tengo que decir que su opinión no ha variado gran cosa, a pesar de los miles de años transcurridos, y de que el hombre haya inventado el yogourth desnatado, que, como todo el mundo sabe, es un gran logro para la humanidad.


    “¿Y qué hago ahora con este pobre ser, que no sirve para nada?” Y entonces pasaba por allí una inteligencia, que así, sola, es una cosa bastante asquerosita, y se dijo: “Voy a implantarle la inteligencia al hombre, a ver si cambia” Y así lo hizo. Pero continúa pensando que el hombre no sirve para nada.


    El hombre, con su inteligencia recién estrenada, se dispuso a poner nombre a todas las cosas que poblaban la tierra, pero no se aclaraba para nada, y al burro lo llamó pato, y al pato renacuajo, y al renacuajo, protozoo, de tal forma que nadie se aclaraba. Fue entonces cuando dijo el hombre: “Vamos a crear una comisión para estudiar el asunto” Esta comisión creó subcomisiones para cada una de las especies, que, a su vez, crearon secretarías generales de denominación de origen que tenían que elevar sus resultados a las subcomisiones, que, igualmente, debían trasladarlos a la comisión, por lo que nadie se ponía de acuerdo. Y pasaba el tiempo y aquello no tenía solución. Vamos, tan complicada era la cosa, que los dinosaurios se extinguieron de aburrimiento, que ésa fue la verdadera causa de su extinción. Por eso, ahora, cada vez que se descubre un fósil de alguno de estos animalitos, no se sabe qué nombre tiene, y los científicos les ponen nombres tan feos como Abrictosaurus, Bothriospondylus o Elaphrosaurus.


    Y Dios se cogió un cabreo divino. Y Dios comprendió que el hombre era un inútil integral, así que pensó y se dijo: “Hagámosle la mujer, para que haya alguien que le controle” Y, dicho y hecho, aprovechando que se había quedado dormido, después de haberse comido dos docenas de huhu, acompañadas de un racimo de huhu, le sacó una costilla, y, a partir de ella, formó una hermosa mujer.


    El hombre despertó, estimulado por un olor hasta entonces desconocido por él: el olor a hembra, y algo, también desconocido hasta ahora por él sucedió en su organismo. Asustado, corrió hacia la salida de la cueva donde estaba, cuando se vió frenado por una visión asombrosa. A través de un pequeño orificio entraba una luz que reflejaba en la pared contraria la imagen de una criatura parecida a él, sólo que no tenía eso que a él le colgaba bajo el vientre. Como compensación, tenía los pechos mucho más desarrollados y las caderas, y…, y se dió cuenta de que todo eso que tenía más desarrollado que él, a pesar de que estaba con la cabeza hacia abajo, hacía que se desarrollase aquello que a él le colgaba bajo el vientre. Intentó ponerse, al igual que aquel ser, boca abajo, pero no lo consiguió. Al tercer intento, pensó que ya estaba bien de tantos melindres, así que se lanzó sobre la imagen, dándose un tremendo morrón contra la pared.


    Y así fue cómo el hombre descubrió la cámara oscura, y que había que tener mucho cuidado con las mujeres.

    Continuará…



    Lo cierto es que el relato está bien escrito, y es divertido, así que me dije: “Bueno, no tengo nada mejor que hacer, así que vamos a terminar de leer estos papeles” Justo en ese momento sonó el inconfundible sonido de alerta que tengo establecido en mi móvil para los mensajes de whatsapp.


    -¡Qué oportuno, hombre!, pensé. Veamos quién es.


    Para mi asombro, se trataba del grupo que habían formado mis antiguos compañeros de galera, en el que anunciaba la botadura de una nueva embarcación, que sería la mayor de las que, hasta entonces, habían surcado los fotográficos mares que rodean a los cinco continentes. Y lo mejor, andaban buscando tripulación experimentada entre los que hubiesen formado parte de las anteriores GAP que habían existido.


    Tardé menos tiempo en reunir en un hatillo cuatro prendas como único vestuario, (ya tendría tiempo de hacerme de nueva ropa cuando tocásemos puerto) que lo que estoy demorándome en escribirlo y en salir corriendo hacia el puerto. Antes, y tras un breve instante de duda, tomé la carpetilla azul, introduje en ella todos los papeles, y me la llevé, pensando que su lectura me entretendría en las largas y tediosas horas de guardia en el castillete de proa.


    Cuando llegué a puerto, no tuve más remedio que pararme a contemplar la magnífica obra de ingeniería naval que es la MasterGap. Ya se adivinaba el ajetreo habitual en todos los grandes barcos antes de partir. Con el corazón que no me cabía en el pecho, subí a grandes zancadas por la escala real. Apenas había llegado a cubierta, cuando alguien me nombró a mis espaldas.


    -¡Julende!, ¡Eduardo!


    Me volví y allí estaba Emiliano, o Hamilin, como le llamábamos en la antigua galera.


    -¡Mi capitán! ¡Cuánto tiempo! ¿Así que eres tú quien comanda esta nave?


    -No, amigo mío, no. Este viaje es una travesía experimental de la Real Armada Fotográfica, y lleva dos capitanes. A uno lo conoces muy bien: fue compañero tuyo en el Gap 5.1. Y el otro pertenece a la galera que partió tras la vuestra, pero también lo conoces. Por aquí les llamamos Los Manolos, pero no los nombres así delante de ellos, que no les gusta la nomenclatura, por lo del conjunto musical de los 90, y podrías terminar pasando la quilla, y, como ves, este barco es muy grande para eso. Se trata de Manolo Marín y de Ideáfix. Ya tendrás oportunidad de saludarlos.


    -Entonces, tú, ¿en calidad de qué estás?


    -De asesor técnico y científico. Tengo el encargo de catalogar todas las plantas que nos vayamos encontrando en la singladura.


    -¡Maldito loco! ¡Ya te estábamos echando de menos, jodido lunático!, gritó, saliendo de las entrañas de la bestia, Juli, mientras nos saludábamos con cariño y cordialidad.


    - ¡Vaya, ¿tú también a los remos?


    -Sí, respondió Juli, al menos, en parte, ya que viajo también como matasanos del barco.


    -Bueno es saberlo, para no enfermar durante toda la travesía.


    Y así continuamos bromeando, y recordando aventuras pasadas, hasta que el silbato convocó a la tripulación a cubierta.


    -Vaya, dijo Emiliano, capaces son de poner ya ejercicio. Si es así zarpamos pronto.


    -Vamos, entonces, dije, ansioso por comenzar.


    -No, tú toma posesión de tu litera en el sollado. Ya te lo contamos luego, me dijo Juli.


    -De acuerdo, contesté, dirigiéndome al sollado.


    Los sollados eran amplios, espaciosos, con espacios cerrados para cada cama, de tal forma que todos los galeotes tenían preservada su intimidad, y una razonable independencia para los asuntos particulares de cada cual. Coloqué, más o menos ordenadamente mis cuatro bártulos, concediendo espacio especial a mis dos negritas y sus cristalitos, para evitar una fortuita caída, y me dispuse a comenzar a escribir estas líneas que ustedes leen en estos momentos, ya que me había autoimpuesto la misión de escribir las crónicas de la singladura, convirtiéndome así en el cronista oficioso de la travesía. Así pues, cogí mi cuaderno de notas, que estaba escrito en su cuarta parte, y mi vieja pluma “Chaplin” (sí, se llama así, es un modelo que sacaron en homenaje al genial actor y director, en no sé qué aniversario, y que me regalaron, cómo no, mis dos amores: mi mujer y mi hija) Suspiré profundamente, emocionado por el momento, y justo cuando iba a comenzar a escribir…


    -¡Vaya, hombre, un escritor! ¡En esta galera hay gentes muy rara, o, como se dice ahora, hay muchos “frikis”…


    El respingo que di fue monumental, y provocó que me pegase un coscorrón, cuyo recuerdo en forma de chichón aún conservo cuando escribo estas líneas. ¡Nadie! ¡No había nadie en el sollado! Miré y remiré, sólo para cerciorarme que en la estancia no había nadie más que yo. ¡No podía ser! ¡Otra vez, no!


    -Definitivamente, el tío este no es un “friki”; sencillamente está como una reverenda chota.


    Corrí hacia mis cámaras y las cogí, una en cada mano, al tiempo que les soltaba:


    -¿Cuál de las dos es la que habla? ¿Cuál de las dos?


    -Lo dicho: este tío tiene las neuronas caducás desde hace bastante tiempo.


    ¡Las cámaras no eran, pues! Pero… ¡allí no había nadie! ¡Imposible! Entonces… ¡no estaba curado! ¡Mi calenturienta mente continuaba escuchando voces de seres inexistentes! Pero…, ¿quién?, ¿dónde?


    Como si hubiese escuchado mis pensamientos, la voz se oyó de nuevo:


    -¡Aquí arriba, innoble descendiente del orangután!


    Casi automáticamente, miré hacia arriba, consiguiendo sólo deslumbrarme por la luz de la lámpara que iluminaba el pasillo donde se encontraba mi habitáculo.


    -¡Ahí, no, caraculo, ahí no! ¡Cuenta cinco lámparas desde la puerta de entrada!


    Así lo hice, contando de la fila que formaban las lámparas que iluminaban el pasillo cada dos o tres metros, hasta que lo ví. Se trataba de un gran guacamayo azul y amarillo, que en ese momento planeaba hasta posarse sobre mi hombro, aunque en ese momento podría haberse colgado de mis pestañas, tal era el estado de aturdimiento en que me encontraba.


    Cuando ya el silencio comenzaba a hacerse incómodo, el guacamayo aproximó su pico a mi oído y murmuró algo.


    -¿Qué?, grité, despertando de mi letargo.


    -¡No grites, leches, que aunque no tenga orejas como tú, escucho perfectamente!


    -Pero…, pero…, los loros hablan sin saber lo que dicen, no tienen capacidad para razonar…


    -Pues anda que los humanos… Qué vulgar eres, hijo. ¿No se te ocurre otro tópico? ¿Qué sabréis vosotros los humanos de si somos o no capaces de razonar? Otra cosa es que llevemos desde que Cristóbal Colón creyó haber descubierto las tierras de donde provenimos, haciéndoos creer que somos animalitos simpáticos de colores bonitos y nada más. Desde que vimos lo que érais capaces de hacer con los humanos nativos de aquellas tierras, con los que, por cierto, nos comunicábamos perfectamente, decidimos que esta era la mejor política. Y no nos va mal. Por cierto, loro, no, lora, si se puede decir así. Orgullosa representante de la especie Ara Ararauna, o Guacamayo Azul y Amarillo, como nos bautizaron vuestros antepasados marineros. Me llamo Sara, nombre que me puso el primer humano con el que conviví, en honor a la genial Sara Montiel, de la que conozco todas sus películas, ya que el susodicho humano era un acérrimo adorador de la actriz y cantante, y todas las noches veía una de sus películas, con lo que me conozco su repertorio de memoria.


    -No…, no estoy bien. Tanta medicación, tanta terapia, para pasar de hablar con una cámara a hablar con un guacamayo…, perdón, con una guacamaya.


    -¿Qué hablabas con una cámara, una cámara de fotos? ¡Pero tú estás majarón perdido! Bueno, al menos no me quedará la mala conciencia de ser culpable de tu locura, como me pasó con el anterior humano, que desde que me decidí a hablarle comenzó a comportarse de forma extraña, hasta que lo cogieron en la jaula de los leones, intentando hablar con ellos del cuidado de la melena. Afortunadamente, lo pudieron sacar antes de que el sorprendido felino se diese cuenta de lo que pasaba, gritando. “¡Los animales hablan, los animales hablan…! Y ya no volví a verle. Anda, vamos a tu habitación, que tampoco me apetece que todo el mundo conozca mis capacidades lingüísticas.


    Pasamos al interior y.., ¡oh, no, aquello no podía estar pasando! Un mono jugaba con mi pluma, garabateando en el papel, con grave riesgo de cargarse el plumín, a tenor de la fiereza con que atacaba al papel.


    -¡Eh!, le dije, ¡suelta eso!, saltando hacia él, quien, ágilmente, y de un salto se puso fuera del alcance de mi mano, llamando con gestos al loro, o lora, o guacamaya…, o Sara, o como sea… ya no voy a preocuparme por el estado de mi salud mental: sencillamente, no tengo.


    -Oye, mono, insistí en tono lo más amistoso que pude, ¿por qué no me devuelves mi pluma, y tan amigos…?


    -¿Se puede saber con quién hablas, capullito de alhelí?, me preguntó Sara (Sí, voy a llamarla por su nombre, total, ya no hay remedio para mí…)


    -Con el mono. Esa pluma es importante para mí.


    -Ya, dijo Sara, con conmiseración. ¿Y esperas que te conteste?


    -Tú lo haces, ¿no?


    -Yo soy un loro, alcornoque. Y los loros hablan. Los monos no. ¿Has oído alguna vez a algún mono hablar?


    -No, pero tampoco a un loro.


    -¿Seguro?, contestó Sara. Y os juro que le ví una sonrisa.


    En ese momento, el mono se acercó a Sara, como si le dijese algo.


    -Dice que si se lo pides por favor, te devuelve la pluma.


    -¿Pero no me acabas de decir que no habla?, le apunté.


    - Y no lo hace, respondió ella. Pero entre los animales “irracionales” nos entendemos perfectamente.


    Como ya no entendía nada, decidí dejarme llevar por las circunstancias, y le dije a la sosias de la eterna manchega que le pidiese por favor al mono que me devolviese la pluma. A esto siguió el mismo jueguecito del aparte entre los dos animalitos.


    -Dice que por qué no se lo pides personalmente, en lugar de usar intermediarios.


    -Pero… ¿no has dicho que los monos no hablan?


    -No hablan, pero sí oyen, pequeña florecilla de pitiminí.


    -Entonces ¿entiende lo que le digo?


    -Pues claro, respondió Sara. ¡Ah!, y dice que su nombre es Nerón, que no le llames mono.


    Podría haberle replicado que aquello era una locura, que los animales no hablan, que yo no estoy loco, porque los más eminentes psiquiatras así lo certificaban, pero comenzaba a estar muy, pero que muy cansado, así que, sin pensarlo más, le dije:


    -Señor Nerón, ¿sería tan amable de devolverme mi pluma, por favor?


    Y, efectivamente, el mono, perdón, Nerón, bajó de la repisa donde estaba refugiado, se situó frente a mí, y me entregó la pluma, que cogí rápidamente, mirando de reojo el plumín, por si hubiese algún desperfecto. El animalito quedó frente a mí, ofreciéndome su mano.


    -Creo que quiere hacer las paces contigo, caramelito de pimientos morrones.


    Total, qué más da. Definitivamente yo estaba como un cencerro, así que le dí la mano, para que, a continuación, Nerón saltase a mi hombro y me abrazase la cara, estampándome un sonoro beso. Desde ese momento has estado siempre conmigo, y tengo que reconocer que le estoy cogiendo cariño.


    Desde el fondo del sollado surgió una voz.: “¡Tenemos ejercicio! ¡Tenemos ejercicio! ¡Ya zarpamos…!


    Al verme la propietaria de la voz, acudió a saludarme, -Hola, soy Tere, pero puedes llamarme Tecla.


    -Encantado, yo soy Eduardo, o Julende, como quieras llamarme.


    -Sí, ya, me habían dicho que estabas aquí. He venido a traerte el ejercicio de esta singladura, por si lo quieres anotar en tu cuaderno de bitácora.


    A continuación, salió corriendo tal como había entrado. Me cae bien esta chiquilla. Abrí el sobre, y allí estaba. La primera de las etapas. Decía así:


    “Se pide la foto de catálogo de una joya, a tener en cuenta la iluminación y la limpieza en el trabajo. La foto debe vender la joya.”


    Bueno, esto ya no tiene marcha atrás. Ya me preocuparé más adelante de mi salud mental. Tampoco creo que les importe demasiado a los otros tripulantes. Me dejé caer pesadamente en la litera y entré suavemente en un profundo sueño, no sin antes percatarme de que Nerón se echaba a mi lado, y que Sara se colocaba en el cabecero, mientras decía: -No te preocupes, que yo te aviso. Si es que sois como niños, los humanos…

  6. #162
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    Yo me encargo de lubricar los engranajes de tu máquina mientras nos haces etereos durante los días que no estés con nosotros aunque espero , nos puedas leer.
    Un saludo.

  7. #163
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    Predeterminado

    Eduardo, todos estaremos pendientes y atentos de tu evolución, seguro que va a salir todo bien. Te echaremos de menos mientras no estés, léenos si no puedes escribir y aquí te esperamos todos con el remo en la mano. Un abrazo fuerte, fuerte!
    Canon EOS 60D Flickr

  8. #164
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    Estaremos todos pendientes de tu estado y evolución...

    Un grano no hace granero pero ayuda al compañero...

  9. #165
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    Predeterminado

    Eduardo, maestro de remeros, y gente similar. Si me has hecho llorar.

  10. #166
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    Eduardo.
    Recuperate pronto que necesitamos a nuestro redactor del libro de bitácora, te iremos pasando notas para que no se te quede nada en el tintero.
    Me levanto cada mañana recordando que de todo lo que diga durante el dia no voy a aprender nada. (Larry King)

  11. #167
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    Bueno, pues ya he recogido mis bártulos, y pido permiso para abandonar la nave. No me llevo demasiadas cosas, porque espero volver pronto. Os agradezco a todas y todos de corazón los ánimos.
    Manuel, se nota que eres un buen lector, y de buenos gustos.
    Sara, me emociona que te emociones. Cuando salga del hospital, ya te digo la decisión de Maribel, que sólo sabe decir, me gustan todas, me gustan todas...
    Un encargo para los informáticos: me gustaría que las crónicas pudiesen publicarse en blog del foro, pero no sé cómo hacerlo. He intentado borrar las entradas del de Carmela, pero nada, y no sé cómo crear uno nuevo. ¿Podríais mirar cómo se puede hacer?
    Por otro lado, este cuaderno de bitácora me gustaría que tuviese también una parte pedagógica, en lo que respecta a los ejercicios: cómo lo hice, reglas a considerar para la realización de la foto..., etc. Esa sería la parte que vendría ahora en las crónicas. Para eso sí que necesito vuestra colaboración, así que enviadme vuestras aportaciones a mi privado, que yo las iré leyendo en cuanto pueda.
    ¡Eso es to..., eso es to..., eso es todos, amigos! Hasta la vuelta.

  12. #168
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    ene 2012
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    779

    Predeterminado

    Aunque no tenga la autoridad competente para este caso, creo que puedo decir: permiso concedido.

    Pero sólo es un tercer grado, te autorizamos a salir con el compromiso de que vuelvas, con la misma intensidad...

    Cuenta con mis conocimientos informáticos para lo que sea menester, aunque creo que iba a mirartelo hamilin. Si no es así, seguro que me pone al tanto...

    Te mantendremos informado

    Un grano no hace granero pero ayuda al compañero...

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