Eufemísticamente le llaman "refugio de Áliva". Suena a cosa austera y adusta, de emergencia y necesidad, para aventureros esforzados alpinistas y pastores de las alturas... Nada más inexacto, se trata de un
hotel de lujo, simpre lo fue desde su construcción, enclavado en lo alto de la montaña. Lujo adecuado al entorno, eso sí. Con acceso fácil en coche todo-terreno por una empinada pero cómoda pista forestal. Para domingueros y familias urbanas actualmente, con dinero que pagar por sus habitaciones y servicios, eso sí.
Todo lujo y confort, que hasta no hace mucho era de exclusividad para cazadores elitistas de rebecos (Fraga Iribarne, López Bravo...).
De todas formas, el paraje y la foto son extraordinarios.
El "refugio" también. Tuve la suerte de coincidir en él, en varias ocasiones, tiempo ha, con recias y nobles personas de la montaña como Mariano de Camarmeña y Nicanor de Sotres, y también con el famoso Alfonso Martínez, el paisano (guarda montañero) que más veces ha subido a la cima del Urriellu, él solo, sin cordadas ni gaitas, ni crampones ni piolet, ni textiles técnicos o mosquetones de titanio...; él solo con un morral de piel de cabra con la merienda colgado en la espalda por todo equipo, sus "chirucas de tela y yute" en los piés y las manos para aferrarse...
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