Para comérselo
by , 27/11/09 at 01:31:05 (9803 Visitas)
Seguro que estáis cansados de ver en restaurantes u otros sitios donde sirvan comida, cartas, carteles o fotografías de alimentos y platos que dejan mucho que desear.
En realidad no sería tan difícil conseguir mejores fotografías, y voy a escribir algunos consejos sobre como hacer una foto que te dé ganas de comértela.
Durante un tiempo se solían ver fotografías de alimentos con fondo negro, porque se consideraba más elegante. Ahora la tendencia ha cambiado, el negro pasó de moda y ahora se utilizan fondos claros o contextos reales (una mesa preparada para comer, por ejemplo), que dan más naturalidad y mayor sensación de limpieza y frescura. Claro que esto no quiere decir que las fotos con fondo negro ya no sirvan...
Obviamente no basta con juntar comida fresca y colorida y encender la cámara, pero con que tengamos en cuenta cuidar algunos aspectos de la escena y de los protagonistas, conseguiremos magníficos resultados.
Un punto importante es la iluminación. La luz natural nos ayudará a que los alimentos tengan un aspecto fresco y saludable, así que una buena idea será colocarnos junto a una ventana (una cortina blanca sería el difusor perfecto), y ayudarnos con un flash rebotado en el techo, la pared, o algún reflector o cartulina blanca, para acabar de rellenar con luz la escena y que no quede un lado en la sombra. Cuidado con los flashes directos, ya que pueden provocar brillos poco estéticos, aplanar la imagen y hacer perder algunas texturas.
Deberemos cuidar el aspecto y la composición, primero del alimento. Por supuesto los alimentos tienen que ser frescos y apetecibles; también si están cocinados. Si va en un plato: que no esté abarrotado de comida, y que los diferentes ingredientes o elementos guarden un orden estético.
Algunos alimentos empeoran su aspecto si los dejamos demasiado tiempo en el plato, o bajo el calor de las luces (se pueden derretir, secar, arrugar, perder viveza de color, etc), de manera que hay que procurar tener el resto de la escena y el equipo listo para, en el último momento, colocar el plato y hacer la foto a la comida con el mejor aspecto.
Además, también podemos utilizar algún truco para mejorar la escena, como puede ser utilizar aceite vegetal pulverizado o aplicado con un pincel, según el tipo de alimento, para conseguir tener unas bonitas gotas, o bien para dar brillo.
Fijaos en que las fotografías de comida se parecen a los retratos en cierto sentido: el modelo en este caso es el plato, y al igual que cuando fotografiamos personas, debemos cuidar el fondo.
Tenemos varias opciones: podemos optar por un fondo blanco y que el único elemento en la imagen sea la comida, o bien se puede elegir la opción más de moda, que es preparar la escena como si fuera una mesa lista para empezar a comer, con elementos tales como un mantel, copas, otro plato más alejado, cubiertos, pan... Todo colocado con cuidadoso orden compositivo y sin que ningún elemento llame la atención sobre nuestro sujeto principal. Lo mejor suele ser una composición sencilla, con pocos elementos, que parezca realista pero cuidada.
Normalmente se utilizará un teleobjetivo con el diafragma bastante cerrado, para poder conseguir profundidad de campo amplia, y un trípode para poder hacer exposiciones un poco lentas.
A veces puede funcionar también usar un poco de angular, pero debemos tener cuidado con la posible deformación al usar este tipo de focal, y si queremos una fotografía más de ambiente y no tanto de muestra de alimentos, en ocasiones podemos jugar con aperturas abiertas para conseguir enfocar sólo una pequeña parte y desenfocar el resto.
Sobre el encuadre, como en el resto de fotos, cada uno utilizará su gusto y sus conocimientos generales para colocar correctamente los elementos en la escena y jugar con las formas, colores, etc. Podemos incluso aplicar características de nuestro propio estilo fotográfico también a este tipo de fotografías.
Realizaremos un acercamiento suficiente para mostrar el plato, o una parte de él, y que coja protagonismo, además de mostrar el escenario que hayamos preparado, en segundo plano. Lo mejor es utilizar un ángulo ligeramente elevado respecto al plato (no más de 45º). Retratar los platos desde arriba es efectivo en algunas ocasiones, aunque no por norma.
En el postproceso podremos realzar la saturación y luminosidad de la imagen, siempre sin pasarnos, ya que podría dar un aspecto demasiado artificial, y sobre todo nos preocuparemos por acertar con la temperatura de color, para que los alimentos no pierdan su color original y resulten lo más atractivos posible.
A pesar de todo lo dicho antes, también podemos realizar fotografías espontáneas en nuestro día a día, sin un afán tan ilustrativo, sino más artístico, englobándolas ya en un tipo de fotografía más general y con menos exigencias técnicas.














