Angelfab, estás en tu perfecto derecho de defender a capa y espada al gremio de los vigilantes de seguridad, pero no puedes negar al evidencia de que en muchos casos se extralimitan, faltan al respeto al público general y desconocen lo que significa la palabra educación.
De hecho te voy a contar dos anécdotas, por dejarlas solo ahí que he vivido, una de ellas en primera persona y la segunda como testigo de la misma, ambas dos en la estación de Renfe de Atocha.
La primera me sucedió con motivo de la quedada que hizo Canonistas en el Jardín Botánico de Madrid en Junio de 2006:
Bueno, la anécdota consiste en que cuando estaba en el jardín tropical de la antigua estación de Atocha, me ven dos vigilantes de seguridad y me dice uno de ellos que no está permitido hacer fotos en el interior del recinto y que voy a tener que entregarles el carrete... yo, sonriéndome para mis adentros, les digo un simple "creo que no va a poder ser caballeros, no estoy dispuesto a entregarles ningún carrete" (claro, la cámara es digital, pero como la vieron grande y con el grip y tal, se pensaron que no era la típica cámara digital y me pedían el carrete...) Bueno, a lo que íbamos, uno, el más jovencito, se pone farruco y me dice básicamente que o le doy el carrete o me sacude un par de (cito) "trucos"... el más maduro se mantiene callado. Yo le digo que no le doy nada, y que estoy en mi perfecto derecho a hacer todas las fotos que quiera (ya sabeis, que si que me diga donde pone que no puedo hacer fotos y tal y tal) total, que el más maduro toma las riendas y me dice que si no me importa, que les acompañe a comisaría y que ahí aclaramos el tema. Yo digo que por mí perfecto, que no tengo ningún problema en ir.
Vamos a comisaría y el jovencito le dice al poli de turno que estaba haciendo fotos sin autorización en el interior del recinto y que, y cito literalmente, "no le sale de los cojones darnos los carretes" (perdón por la blasfemia, estoy citando), el poli le pregunta al otro segurata si está de acuerdo con lo que el otro ha dicho, a lo que éste contesta que sí. Entonces el poli me dice que les tengo que dar los carretes o borrar las fotografías de la cámara (éste parece que sí se dió cuenta que la cámara es digital) a lo que le contesté que no iba a hacer tal cosa, puesto que sí que estaba autorizado a estar ahí y a hacer cuantas fotos quisiera... el poli mira a los seguratas con cara de mosqueo, el jovencito se pone tenso y el otro pone cara de sorpresa... El poli me pide la autorización y yo saco mi DNI y mi carnet de ADIF, el cual lee por delante y por detrás, comprueba los datos del dni con los del carnet-cartulina y me dice que por qué no se lo he aclarado antes a los de seguridad en lugar de llegar hasta ahí, a lo cual yo le contesto que en ningún momento se me ha pedido la autorización, y que el comportamiento totalitario de los vigilantes (realmente solo de uno de ellos, pues el otro fué totalmente correcto conmigo en todo momento) no estaba en absoluto justificado. Total, que me marché de allí tranquilamente, me fuí a la oficina de atención al viajero, puse mi correspondiente reclamación y me marché silbando hacia el Botánico...
Con este episodio, lo que puedes comprobar es que es cierto que hay vigilantes y vigilantes, es decir, hay maleducados y respetuosos, en el gremio hay de todo, como en botica, pero no me puedes negar la evidencia de que se dan dos cosas, en primer lugar el desconocimiento de las propias normas de régimen interior de la empresa para la que estaban trabajando al desconocer la existencia de la autorización (cosa que yo sí me preocupé de conocer) y por otro lado la total falta de respeto del "jovencito" de marras que ya quería solucionar el problema por medio de la violencia (me quería dar dos "trucos", citando sus propias palabras).
La segunda anécdota le ocurrió a una conocida mía, la cual tiene dos problemas, uno de ellos es que tan solo tiene un 35% de visión por un ojo (solo ve si algo lo tiene delante), y el otro es que por una operación que sufrió cuando era adolescente, tiene algunas cicatrices que le desfiguran el cráneo. Ambos problemas, por desgracia, saltan a la vista...
Pues bien, esta muchacha, como cada tarde, se dispone a tomar el Cercanías para regresar a su domicilio tras su jornada labora... por ello llega a los torniquetes de entrada a la estación de Atocha, introduce su billete y la máquina se lo traga... yo ya había pasado, por lo que no pude ayudarla desde dentro más que para buscar a un interventor para que la ayudase a recuperar su billete (al cual no encontré, pero esta es otra historia...). Cuando vuelvo de buscar al interventor de forma infructuosa y veo cómo está mi amiga, veo cómo se acerca un vigilante de seguridad y le pregunta por cual torniquete ha intentado entrar. Ella se había puesto nerviosa y, dado que no ve bien, no recuerda con claridad cual de los torniquetes se había tragado su billete, a lo cual el Vigilante le espeta un "Pues si la señora no sabe qué máquina se ha tragado su billete, pues vaya unos cojones" (citando textualmente)... Resultado, tuvo que irse a "Atención al viajero" y pedir otro billete mensual para poder volver.
Con este segundo episodio se ve claramente que el vigilante era más un "chulo". No le habría costado nada mirar en dos o tres máquinas buscando el billete y después decirla a la chica que no lo había encontrado, pero el "si la señora no sabe... pues vaya unos cojones" sobraba...
Es cierto que no es lo mismo estar en una estación de ferrocarril por la que pasan cientos de miles de personas al día, cada una con sus problemas, y que es un lugar en el que lo normal es que haya más vigilancia para evitar altercados, carteristas, etc, que estar a la puerta de un centro comercial o en un hospital, pero me parece demasiada casualidad... es como si la empresa de seguridad enviase a Atocha a los más "macarras" del lugar.
Hay un viejo dicho que dice "Guarda Jurado - Policía frustrado" lo cual da a entender en líneas generales la "mayoría" de la profesión.
Se dice que la excepción confirma la regla; alabo y respeto tus intentos por defenderlos. Yo mismo conozco vigilantes que son más que educados, pero se ve demasiado que las empresas de seguridad saben qué vigilantes son más "macarras" y cuales menos y los envían a los clientes en función del tipo de actividad que vayan a desempeñar y el cliente del que se trate.
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