Todo esto es muy interesante, pero una cosa es lo que diga la ley, que casi siempre está de nuestra parte, y otra muy distinta lo que digan las autoridades, que ni siquiera tienen por qué saberse la ley al dedillo. Y ante la duda siempre optan por la solución más cómoda que es prohibirte hacer fotos y punto. Con todo eso, lo único que nos queda por hacer, ya que acudir a los tribunales por una cosa semejante queda totalmente descartada por costosa, es obtener en la medida de lo posible los oportunos permisos por escrito de personas autorizadas del recinto a fotografiar. Con dichos permisos en mano los vigilantes y fuerzas del orden ya se lo toman con más calma, pero la obtención de estos permisos no siempre es fácil de conseguir y a veces es muy costoso económicamente, con lo cual volvemos a tener problemas. La solución pasa por hacerse notar poco y hacer el trabajo lo más rápido y sin molestar a nadie. En caso de que vengan a por nosotros solo nos pueden echar del recinto o impedirnos seguir haciendo nuestras tomas, pero nunca nos pueden requisar el material ni retenernos. Al menos no un simple vigilante jurado y si un policía intenta retenernos solo tenemos que mostrarles las fotografías para que compruebe que no se están sacando detalles significativos.
Ya tuve un encuentro con la guardia civil cuando hacía fotos a un monumento junto a un cuartelillo y simplemente me preguntaron qué fotografiaba y me recordaban que no podía fotografiar el cuartelillo. Cuando les dije si querían comprobar las fotografías ni se molestaron, solo querían advertirme.


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