Yo no quería comentar nada, pero el birring ha deparado historias tan sorprendentes, que creo que lo justo es compartirlas con más gente.
No sé ni por dónde empezar: eran las 7 de la tarde y sin embargo llovía cuando iba camino del Vienus-Vienae. Y justo cuando iba a entrar, unas molestas ancianas se detuvieron en la puerta de la entrada, cerrando sus paraguas y básicamente tocando los co--nes, entorpeciendo el paso a quienes queríamos entrar. En una exhibición de agilidad sin precedentes, efectúe una finta quiebra-cinturas que las dejó clavadas en la entrada mientras yo abría una de las puertas de cristal y me colaba dentro, dejando con un palmo de narices a las indeseables y muy inoportunas dinosaurias, que todavía estaban dudando si entraban o no entraban.
Mi nivel de estrés tenía una explicación: si no me equivoco, era mi primer birring como VIP. No me apunté, pues considero que soy una persona de suficiente importancia y prestigio como para no tener que andar haciendo reservas o anunciando mi presencia. Si voy a un sitio, que los demás se adapten a mí, y no al revés, punto.
Al subir al piso de arriba, ya estaban instalados los pillos de rigor. Por lo que luego supe, habían estado hablando de mí, supongo que para ponerme a parir, y ni siquiera se dignaron saludarme, por lo que tuve que ir yo a decirles hola. A regañadientes y con desgana, estrecharon mi mano o me hicieron algún gesto, pero nada más. No nombraré a todos los que estaban, pues eran unos cuantos, pero sí diré que me senté junto a Mecheta y Silvia-Z.
Mecheta traía algo que parecía un saco de la risa, pero en realidad era una bolsita con un 17-40 para George Little Pade. No era el único asistente que traía ofrendas para Jordi: Isaki le había traído un manual tamaño XL para la 5D MkII. Sin embargo, ya puedo adelantar que Jordi no aparecería en toda la tarde (bueno, si ha venido habrá sido a ultimísima hora, pero lo dudo). Un gesto muy feo para con sus proveedores de ópticas y manuales (odio la preposición compuesta "para con", y brindaré con gran alborozo y alegría el día que la RAE, en uno de sus habituales, absurdos y totalmente arbitrarios cambios de criterio, la destierre de la gramática y los diccionarios).
La historia más destacada del birring se produjo al principio de éste. No sé bien cómo empezó el tema. Creo que mecheta empezó a explicar que utilizaba una aplicación de su iphone para estacionar la cámara, o ponerla en estación, o estacionarla en posición. Por lo visto, quienes practican astrofotografía tienen las gónadas peladas de poner y quitar cosas en estación, pero claro, a los pobres mortales como yo, esto nos suena a chino. Entonces, él sacó su iphone y lo explicó. Por supuesto no entendí nada, pero de algún modo, el tema de poner en estación-posición-loquesea la cámara, degeneró en un soliloquio donde mecheta se declaró a sí mismo persona pacífica y amigo de los niños, los animales y las plantas. De pronto recapacitó y reconoció que existía una excepción a lo dicho, una ocasión en la que se vio obligado a emplear la violencia. Así comenzó un relato de gran dramatismo que podría herir la sensibilidad del lector, así que allá ustedes si lo leen. Es posible que alguna parte no sea totalmente verídica, pero en lo esencial no me invento nada, que conste.
Resulta que, en cierta ocasión, mecheta estaba escalando o haciendo montañismo con más gente. Y no en el Tibidabo o en el Turo de la Rovira, sino en un sitio importante, rollo Kilimanjaro, Everest, los Andes o similar. "Era una expedición realmente dura", decía Jose. "Hacía tanto frío, que se habían congelado hasta los precios", añadió. Y llegó el momento de bordear algún tipo de precipicio, desfiladero, acantilado, cañón o garganta. La anchura del camino era equivalente a la de las mesas del Viena. Es decir, no era el lugar ideal para jugar un partido de fútbol, ni siquiera al ajedrez. Por si las cosas no eran ya bastante complicadas, comenzaron a llover gotas congeladas que perforaban la piel o algo así, como agujas de hielo... a mí también me ha parecido muy raro, pero en fin, si los precios se habían congelado, entonces ya es que todo es posible. "El viento ululaba contra las afiladas rocas, y su lúgubre canto llegaba a nuestros oídos como una prematura marcha fúnebre", recordaba Jose con la mirada perdida en el infinito, mientras narraba la historia con voz queda y afectada. Es cierto que desde el Viena no se ve el infinito, pero es una forma de hablar, claro.
En esas que uno de los expedicionarios, un chico de edad indeterminada, manifestó su preocupación ante la posibilidad de caerse por el precipicio y quedar hecho fosfatina. Esta inquietud resulta bastante comprensible, pero a Mecheta le pareció una observación inoportuna, de modo que para tranquilizar al chico, lo agarró por las solapas, lo zarandeó violentamente (la cabeza le dio varias vueltas sobre sí misma, como a la niña del exorcista) y finalmente lo arrojó contra el suelo, propinándole una patada en la espalda mientras caía (esto no es fácil de hacer, inténtenlo) y hundiendo el cuerpo del joven varios centímetros en la nieve, con lo cual se creó un cráter a su alrededor. Pero todavía no había terminado: a continuación, mientras el vapuleado apenas acertaba a decir "¡Ay!", mecheta le piso le cabeza con saña (o sea, se la pisaría con la bota, claro, pero con saña) y sospecho que con la otra pierna le propinaba patadas en el resto del cuerpo. "Lo hice por su bien, para quitarle el pánico", explicaba Jose. En fin, vosotros sabréis, pero desde luego no me veréis haciendo montañismo con Mecheta, porque yo he visto programas de Pressing Catch más relajados que estas extrañas sesiones de montañismo. Sin embargo, Silvia-Z, que según los últimos rumores se ha aficionado al sadomasoquismo, escuchaba la historia con gran interés y con un brillo de excitación en la mirada. Juraría que incluso la vi relamerse discretamente en algún momento.
Otras de las historias destacadas de la noche ha sido la relatada por la propia Silvia-Z. Para empezar, me ha confesado que ella oyó hablar de mí mucho antes de conocerme personalmente. "Mi fama me precede", pensaba yo, orgulloso. Pero la realidad era peor que eso: por lo visto, hace un tiempo, varios individuos canonistas se reunían para cenar semanalmente en la mansión del clan apcoll, no para hablar del tiempo ni jugar al parchís, sino para criticarme y ponerme a caer de un burro. "Carlos_A esto, Carlos_A lo otro"... los asistentes a estas reuniones clandestinas conspiraban contra mí y tramaban todo tipo de planes maquiavélicos. Pero lo interesante no eran estas cenas, sino otro tipo de pitanzas que antaño se celebraban en esa misma casa: resulta que cuando el capitán Apcoll se hacía a la mar con toda su flota pesquera, regresaba luego con un ingente botín de criaturas marinas. Cetáceos, calamares gigantes, caballitos de mar con silla de montar, pulpos... sobre todo pulpos. Por lo visto, la flota pesquera de Alfonso se empleó tan a fondo con ellos, que acabó por extinguir a los pulpos de su zona de pesca. Silvia terminó con tantos pulpos en la bodega de carga y en la despensa de proa, que ya no sabía qué hacer con ellos. Durante años, en su casa se desayunó pulpo, se comió pulpo, se merendó pulpo y se cenó pulpo. Tortilla de pulpo, bocadillo de pulpo, croquetas de pulpo... de tanto comer octópodos, Silvia sufrió efectos secundarios: no le crecieron tentáculos, pero sí que adquirió en sus extremidades superiores una soltura y capacidad adherente similares a las de estos cefalópodos, una habilidad que pronto empezó a utilizar para robar chaquetas, como todos sabemos.
Mecheta intervino para explicar su receta secreta para preparar pulpos. Se trata de colgarlos en el tendedero de la ropa hasta que se sequen (no es necesario centrifugado previo, aunque ayuda), y luego pegarles fuego. De este modo se obtiene una exquisita (?) carne de textura similar a la de un neumático de bicicleta, pero con sabor a toalla de playa. "Es un manjar", decía Jose babeando. Una cosa lleva a la otra, y entonces Mecheta se ha puesto a explicarnos las mil bondades de la paella valenciana... debidamente preparada, claro, pues si no eres un poco astuto, te dan gato por liebre en cualquier restaurante para turistas incautos. Prácticamente todo lo que Jose nos ha contado sobre la genuina paella valenciana se encuentra resumido en este vídeo, posiblemente grabado por él mismo - no os lo podéis perder, cuando lo hayáis visto, la paella valenciana ya no tendrá secretos para vosotros:
YouTube - paellasub
Por el otro extremo de la mesa, Alfonso, Freina, Isaki y Ulairi (entre otros) reían mucho, demasiado. Me acerqué a ver qué tramaban, y pude saber que Frank Queen había obtenido un permiso para afotar con trípode, toda una crueldad si tenemos en cuenta que él se ha hecho famoso por dos cosas: orbitar y no tener trípode (lo cual tiene su gracia si tenemos en cuenta que el Sputnik, el primer satélite artificial lanzado por la humanidad, se parece mucho a un trípode de cuatro patas). Aparte, Alfonso explicó sus incidentes con la policía portuaria precisamente por usar trípode en el puerto, y Ulairi hablaba de un amigo suyo que se ponía conos de tráfico en la cabeza. Irónico: los hombres siempre piensan en sexo, y cuando no lo hacen, tienen "conos" en la cabeza. Qué cosas tan extrañas ocurren en el planeta Tierra.
Podría explicar otras anécdotas menores, pero no perderé más el tiempo. Me parece que las anteriores (mecheta agrediendo a montañistas, silvia-z y familia totalmente pulpificados, etc.) son más que suficiente. Eso es todo. ¡Un saludo a todos los conspiradores!


Responder Citando






Marcadores