Nada, nada, hay que ser "echao p'alante" y decidirse. Yo ya he tenido el trípode totalmente sumergido en un río hasta la rotula, la cámara quedaba justo en la línea de flotación, es arriesgado, pero la perspectiva es muy efectiva.
En una ocasión tuve un susto muy grave, vivía por aquel entonces en Miranda de Ebro por motivos laborales. Mi casa estaba en la C/ Bilbao, justo al lado de un puente ferroviario que pasa sobre el río.
Hacía una temporada larga que había visto en el fondo un sofá y quería fotografiarlo y decidí esperar un día en que el agua estuviese "clara".
Allá voy, al atardecer, con el trípode y la cámara, entonces usaba
Nikon y tenía una F 601M que tenía una cualidad muy buena y es que tenía el disparador remoto de tipo mecánico, de los antiguos.
El disparador de la cámara era metálico y en el centro tenía un agujero roscado para encajar un disparador de cable mecánico.
Me preparo, enfoco, encuadro, decido esperar diez minutinos más a ver si bajaba un poco la intensidad de la luz
¡¡¡Ay, Dios mío!!! cuando me quise dar cuenta tenía el tren encima y mira que hace ruido, no sé por qué me puse nervioso, ya me había cruzado con el tren en el puente infinidad de veces y cabes perfectamente, ya que la barandilla tenía una especie de burladeros en los que te metías y no corrías ningún riesgo. Eché a correr con el trípode en la mano hacia un burladero próximo, no sé cómo empatoné que tropecé y ya llegué al burladero cayendo al suelo.
Se me cae el trípode con la cámara colocada y allá se va por entre la barandilla al río.
Dejo de ver el trípode, y dejo de ver la cámara que ya se fue por el puente hacia el río. En aquel momento comprendí lo que dice la gente que te pasa la vida por delante completita en cinco segundos, ya, ya sé que es cuando te vas a morir, pero es que yo me iba a morir porque me iba a tirar a por la cámara.
Alargo la mano y... agarro el cable disparador cuando ya se iba también.
Los más "viejos" sabréis cómo eran, los más jóvenes no. Eran unos cables de acero flexibles y por dentro de ellos corría otro como el freno de una bicicleta que tu accionabas con un pulsador como el de una jeringuilla hipodérmica, al final asomaba un pitorro de acero rígido y accionaba mecánicamente el obturador, como si pulsaras el botón.
El agujero del botón de la cámara era roscado, pero cónico y la rosca del disparador también cónico, de este modo valían prácticamente todos los cables para todas las cámaras, aunque la sujeción de la rosca no era fiable y yo tenía mi cámara y mi trípode colgando de es rosca.
Se me va, se me va, se me cae todo, ¡¡¡ay, mamina, ay mamina!!! alargo el brazo con intención de recuperar el equipo y el disparador se desprende pero me da tiempo de coger la cámara al vuelo. Os juro que parecía una peli donde una persona pende de un edificio, otra la sujeta pero se va soltando poco a poco.
Suelto el disparador y voy a coger el trípode (todo esto tirado en el suelo del puente, claro, con la cabeza asomando hacia el río y viendo el equipo tambalearse).
Cojo el trípode, no sé qué toqué ni qué hice que la rótula se soltó del acople rápido y allí me quedo, viendo cómo mi Velbon se iba al fondo del Ebro.
Un trípode del trinque con una rotula 3D al carayo.
Por lo menos salvé la cámara y el objetivo (y el disparador).
El trípode estuvo muchos años al lado del sofá y se veía perfectamente. Tratamos de recuperarlo con cañas de pescar, con cuerdas y no fue posible. No quise insistir porque cada vez que me ponía preparaba un auditorio del quince.
Y esa fue mi experiencia (menuda brasa os metí) desde entonces siempre pongo el
seguro de la zapata rápida. Mientras sólo pierda trípodes...
Marcadores