Los caminos de los bichos son inescrutables...
Nuestro amigo Paquiño, el arrendajo, se retrasaba más de lo que en él es habitual. Siempre aparecía a finales de abril, principios de mayo. Este año, no. Pasaron las semanas, y no aparecía. Nos temíamos lo peor. El viernes pasado, Zalo y un servidor, decidimos ir al bosque dónde se aparece cada primavera. Pasaba el tiempo, y nada, hasta que por fin, y a punto de marcharnos, allí apareció. Unas fotos testimoniales, pero contentos. Paquiño, como buen profesional, fue fiel a la cita. Se nos quedó viendo, y parecía decir, que no vino antes por el dichoso cambio climático.
El domingo por la tarde fui al comedero desde dónde saco casi todos los bichos, con la intención de sacar a la tórtola europea (alguna foto he colgado). El jueves le había preparado un posadero elevado con un poco de brezo (mariconadas diría quién yo me se), y cuando escucho un gruñido típico de un arrendajo. A toda velocidad desmonto el 1.4, y allí aparece delante de mí un arrendajo. Coge un trozo de galleta que hay en un tocón del comedero y se lo va a comer al posadero de la tórtola. Le debió de gustar el decorado.
Lo que son las cosas. Esperando a Paquiño tanto tiempo, y a los dos días, y a 20 km de su bosque, un nuevo arrendajo se presenta, Pepiño.
Canon EOS 50D
Tv 1/125
Av 8.0
ISO 250
Objetivo EF300mm f/2.8L IS USM
Distancia focal 300.0mm
Un saludo
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