Pues explico el título: después de una hora de un concierto brillante y tras un bis de rigor, los aplausos continúan en claro agradecimiento por haber escuchado una insuperable interpretación de unas obras inéditas de Liszt para violonchelo y piano. El chelista corresponde a esa ovación del graderío puesto en pie con una mirada de plena satisfacción. Lástima no haber tenido también el gran angular puesto para reflejar este momento. Para el próximo concierto lo tendré en cuenta. ¿Es necesario mencionar el nombre del chelista, su último disco (Liszt) y el teatro? Con gusto lo haría, créeme.
En cuanto a la foto, es cierto que lo de la sombra acentuada de los ojos, especialmente el derecho, queda exagerada, pero solo tuve un instante para hacer esta toma. La iluminación era únicamente cenital. El graderío estaba en penumbra. Mi Canon 50D con un ISO 1600 no me permite sacar muchas sombras sin estropearlo con un ruido molesto. Por otro lado me pareció interesante captar el momento en el que el músico sale de la oscuridad hacia la luz para agradecer los aplausos del público.
Gracias por tu comentario.
Un saludo.




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