Abril
by , 07/04/11 at 13:48:54 (43745 Visitas)
Llegó abril, un mes recurrente en la poesía de Machado.
Ha pasado algún tiempo desde que publiqué mi última entrada y no es que me falten ganas ni intención. Me falta algo de tiempo y bastante de ideas.
Me puse a releer a Machado. Mejor dicho a vivirlo, a interiorizarlo. Y he disfrutado muchísimo y también me ha desalentado. No lo suficiente, pero sí un poco.
Me explico. Machado es capaz de transmitir sus emociones a través de símbolos. El camino, las galerías, las rosas y los cipreses, los jardines sombríos, las fuentes y los cangilones de las norias, las campanas y el pífano, el mes de abril y las tardes de hastío.
Con todos estos elementos Machado es capaz de expresar emociones como la melancolía, la angustia, sus sensaciones sobre el paso del tiempo y de la vida, sus sensaciones ante la muerte.
Y me ha encantado descubrirle. Porque antes le había leído, pero no había exprimido sus versos. Animado por nuevas motivaciones, ahora he bebido de ellos.
Pero también me he dado cuenta de la dificultad que entraña expresarse de forma parecida con una fotografía.
La fotografía, como arte, tiene una base inherente de realidad. Quizás más que ninguna otra disciplina artística. Y eso, creo, condiciona decisivamente la mirada del espectador. Es difícil que ante una foto de un sendero flanqueado de cipreses en un atardecer toscano, la mayoría de los espectadores vean más allá de un bonito paisaje.
También es cierto que poca gente ve más allá de la literalidad del camino en el, por ejemplo, célebre poema de Machado:
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.Pese a la contundencia de sus versos.
Yo quiero hacer poesía con mis fotos. Quizás tengo unas expectativas demasiado elevadas y unas pretensiones demasiado arrogantes, pero siempre será mejor que el hastío de no pretender ni esperar nada de ellas. Y no me basta con la mera estética. Aunque quizás no todo el mundo que vea mis fotos entienda más allá de lo que literalmente se ve. Pero (y cambiando de tercio) ¿es que acaso el gran público entiende a Miró o a Pollock?
He tenido ocasión de experimentar en mis propias fotos la reacción de otras personas que ya me conocen y que conocen mis fotos. Sobre la base de un texto que las acompañaba y que debía ilustrar (no podría haber disfrutado de mejores condiciones). He tratado de centrarme en la vertiente más emotiva del texto y no en su vertiente más descriptivo-literal. El resultado, como decía al principio ha sido desalentador. "Mis fotos nos se ajustan al texto". En otras palabras, no he conseguido que calara el mensaje que yo quería transmitir.
by Cercamón, on Flickr
by Cercamón, on Flickr
En fin, solo hay una receta. Perseverancia.
Mientras tanto, quisiera acabar con un poema que expresa, mucho mejor de lo que yo nunca sería capaz lo que para mí es la fotografía.
LXI
INTRODUCCIÓN
Leyendo un claro día
mis bien amados versos,
he visto en el profundo
espejo de mis sueños
que una verdad divina
temblando está de miedo,
y es una flor que quiere
echar su aroma al viento.
El alma del poeta
se orienta hacia el misterio.
Sólo el poeta puede
mirar lo que está lejos
dentro del alma, en turbio
y mago sol envuelto.
En esas galerías
sin fondo del recuerdo,
donde las pobres gentes
colgaron cual trofeo
el traje de una fiesta
apolillado y viejo,
allí el poeta sabe
el laborar eterno
mirar de las doradas
abejas de los sueños.
Poetas, con el alma
atenta al hondo cielo,
en la cruel batalla
o en el tranquilo huerto,
la nueva miel labramos
con los dolores viejos,
la veste blanca y pura
pacientemente hacemos,
y bajo el sol bruñimos
el fuerte arnés de hierro.
El alma que no sueña,
el enemigo espejo,
proyecta nuestra imagen
con un perfil grotesco.
Sentimos una ola
de sangre, en nuestro pecho,
que pasa…, y sonreímos,
y a laborar volvemos.A. Machado








