Tira en RAW sólo aquellas fotos de las que quieras estar más segura de obtener la máxima calidad, balance de blancos perfecto, etc.; también aquellas que capturen escenas con mucho contraste entre luces y sombras, ya que es probable que excedan el rango dinámico que la cámara podría representar en el JPEG, mientras que si la haces en RAW, la foto será más tratable en las zonas de sombra o luminosidad extrema.
Por otra parte, nada te impide tirar todas tus fotos en RAW, y luego decidir procesarlas todas con ajustes por defecto, rápidamente y de un tirón (de hecho en proceso por lotes, que es muy sencillo tanto con ACR como con otros programas), salvo unas pocas que decidas que tienes tiempo y ganas de procesar más cuidadosamente. Salvo que tengas problemas de espacio en tarjeta, siempre es mejor mantener abiertas todas tus opciones, que no tirar en JPEG y luego darte cuenta de que en ciertas fotos habrías necesitado la ventaja del RAW.
En cuanto a cómo guardar un RAW procesado, lo ideal es hacerlo en TIFF o PSD de 16 bits de profundidad de color, no de 8 bits; haciéndolo así (y luego abriendo ese TIFF o PSD en Photoshop), obtienes exactamente la misma calidad que si pasaras el RAW procesado directamente a Photoshop para retocarlo inmediatamente.


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