Cambiar el
sistema operativo en un
ordenador siempre es un proceso que debemos considerar detenidamente. En especial, debemos asegurarnos en primer lugar de que nuestro ordenador soporta el nuevo sistema operativo y si disponemos de todos los drivers necesarios para efectuar el cambio.
Esta operación, como ya digo, hay que considerarla detenidamente, ya que podemos encontrarnos con desagradables sorpresas.
Pero el tema es mucho más complicado cuando se trata de un ordenador portátil de última generación, sobre todo cuando lo que queremos es quitar
Windows Vista (que nos viene preinstalado) e instalar
Windows XP.
Lo primero que debemos considerar si no nos gusta Windows Vista o no podemos trabajar con el por ser incompatible con algún programa que no podamos cambiar, es la posibilidad de comprar otro portátil que venga con Windows XP en vez de con Windows Vista. Muchos de los fabricantes de
ordenadores portátiles siguen manteniendo ordenadores en sus catálogos con este sistema operativo (que por cierto, no ha muerto ni mucho menos. Sigue estando a la venta, y en espera de un anunciado Service Pack 3).
Debemos tener en cuenta que la mayoría de estos portátiles de última generación que nos venden con Windows Vista preinstalado
están diseñados específicamente para trabajar con este sistema operativo, por lo que vamos a encontrarnos con una serie de dificultades para poder conseguir los drivers correspondientes a Windows XP, y en muchos casos, aunque los consigamos, estos no van a aprovechar el rendimiento del equipo, por lo que bien podíamos haber adquirido un equipo que aunque sobre el papel tuviera un menor desempeño, en la práctica, al cambiar de sistema operativo, nos funcionaría mejor.
Un buen ejemplo de esto lo tenemos en las tarjetas gráficas que incorporan, en muchos casos diseñadas para trabajar con Windows Vista, que son compatibles con DirectX 10. Windows Vista trabaja con DirectX 10, pero Windows XP
no es compatible con DirectX 10, por lo que la gráfica no va a darnos todo el rendimiento del que es capaz.
Lo mismo pasa con las tarjetas de sonido, que en muchos casos están diseñadas específicamente para trabajar con Windows Vista, y que se bien en algunos casos hay disponibles drivers para Windows XP es a costa de sacrificar buena parte del rendimiento de estas tarjetas.
Algo parecido nos podemos encontrar con algunos elementos incorporados a estos portátiles, como gestores de memoria, gestores de rendimiento y energía o webcam incorporadas, en las que en algunos casos ni tan siquiera existen drivers para Windows XP, por lo que no vamos a poder utilizarlas.
Hay que considerar que los principales fabricantes de ordenadores (ya sean portátiles o de sobremesa), así como los principales fabricantes de diferentes tipos de componentes, disponen de las indicaciones precisas para desarrollar equipos totalmente preparados para funcionar con Windows Vista desde hace bastante tiempo, y que
ni ellos ni los fabricantes de los componentes de estos están obligados a facilitar drivers para otras versiones de Windows que no sean las que se instalan para su venta o para la que han sido diseñados.
Y entramos en el que quizás sea el mayor inconveniente de todos. Los portátiles actuales suelen montar discos SATA, pero estos discos SATA necesitan un controlador especial para que Windows los reconozca. Este controlador está incluido en los Recovery del sistema (ya se trate de CD Recovery o Partition Recovery), por lo que no tenemos ningún problema al reinstalar el sistema que viene con el equipo si esto fuera necesario, pero si que supone un grave escoyo a la hora de intentar instalar un sistema operativo diferente, ya que los portátiles carecen de disquetera y la gran mayoría de ellos aun no pueden acceder a los puertos USB en este punto de la instalación. Es mas, en muchos casos simplemente
no existen controladores para XP de estos SATA.
Hay que recordar que estos drivers para SATA hay que instalarlos justo al principio de la instalación de Windows XP).
A esto hay que añadir que el fabricante puede no atender la garantía por haber sustituido el sistema operativo instalado en origen (que puede hacerlo, al formar este parte de las características de venta del equipo), y que además, en el caso de que tuviéramos que enviar nuestro portátil a fábrica para alguna reparación,
lo más probable es que nos lo devuelvan otra vez con el Windows Vista instalado, que es como originalmente se adquirió el equipo, pudiéndonos cobrar además la instalación y licencia de este en el caso de que no enviásemos el CD Recovery o de que hayamos eliminado la Partition Recovery.
Debemos tener muy en cuenta que cuando compramos un ordenador con un sistema operativo preinstalado
este sistema operativo forma parte integrante del equipo, y por lo tanto está sujeto a las condiciones de garantía del mismo, siendo nuestra responsabilidad el mantenerlo en buen estado (al igual que tampoco nos cubre la garantía si se nos cae el portátil o si se estropea porque le ha entrado algún líquido).
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